Hace ya algunos años el Señor me llamó a su trabajadera bajo los pies de su Madre Bendita de la Concepción. Fué un frio lunes por la noche cuando sentí por primera vez en mi cerviz el peso de su madero, peso que llevé orgulloso durante algunos años en la “madrugá” hispalense. Pero la vida fué girando, y cocnocí a una mujer maravillosa, un pueblo...