
Hay tres domingos en el año que brillan mas que los demás y en uno de esos iba de costalero como desde hace ya bastantes años, bajo la Inmaculada Concepción.
En unas de las levantá abrazo con mi mano el zanco izquierdo y en ese momento me percato de una mano pequeña que apoyaba sobre dicho zanco. Tras arriar el paso, abro un poco el faldón y veo...