Marcaba el reloj las 3.01 cuando llegaba el momento por el que todo ha valido la pena. El barro, la angustia, el cansancio o la preocupación por los tuyos, por esa hermandad que se jugó el tipo y antepuso su devoción -centenaria en muchos casos- al bienestar de su capital humano. La recompensa llegaba, como siempre, de madrugada, con el salto de la reja que lanza a los almonteños a por su Reina y patrona.
Un salto que se ha producido siguiendo ese nuevo orden adoptado desde que en 2011 se rompiese uno de los varales del paso de la Virgen del...